miércoles, 17 de julio de 2013

¿QUÉ ES EL TDA?



Es importante comprender que todas las enfermedades, trastornos, afecciones o circunstancias que rodean al ser humano no surgen de manera espontánea y tampoco son individuales, el ser humano se encuentra estrechamente relacionado con su entorno, siendo así, es posible analizar desde una perspectiva integral todos aquellos acontecimientos que influyen en el ser humano y también todos aquellos acontecimientos en los que el ser humano influye.

Esta perspectiva, relativamente diferente a las perspectivas individualistas, es una visión que cambia el panorama en cómo se observan los hechos y acontecimientos humanos, no es posible adjudicar una acción como única, sino que es necesario contemplar y analizar que todas las acciones devienen del entorno y viceversa.  

Hace algunos años estuve trabajando en una secundaria, escuela que recibe a niños y jóvenes con relativos altos recursos económicos, esta escuela imparte clases desde el nivel preescolar hasta el nivel bachillerato.

Regularmente los alumnos son inscritos desde el nivel prescolar o primaria y pasan toda su vida estudiantil  en esa escuela, conocen a sus amigos, los padres forman vínculos con otros padres y los maestros ubican con facilidad a los niños y sus familias generando así una especie de hermandad escolar; incluso algunos maestros y personal administrativo estudiaron en dicha escuela, en la cual ahora laboran.  Pero qué tiene que ver todo esto don el TDA, de hecho tiene que ver bastante, pero es necesario un preludio y un contexto para responder a la pregunta puesta en el título. 

La manera en cómo se educa en México ha tenido algunos cambios relativos, es verdad que se ha dejado de golpear salvajemente a los niños con la creencia de que estos aprenderían mejor o adquirirían mejores comportamientos, también es verdad que el contenido de la información, en algunos casos, se ha actualizado pero son solamente con cambios paliativos y algunos de manera superficial por eso estos cambios no influyen de manera concisa en la educación del país.

Sin embargo algo en lo que ha cambiado radicalmente la educación en México es la relación entre los maestros, alumnos y los padres. Recuerdo que antes la última palabra la tenían los hijos en cuanto a educación, el alumno era  solamente un ente pasivo receptor de información, callado y bien sentado, pobre de aquel que se atrevía a desafiar al maestro o rompía alguna de las absurdas normas del reglamento escolar porque era puesto en evidencia inmediatamente frente a grupo y peor aun cuando los padres, forzosamente, se tenían que enterar porque, con seguridad, el castigo era más fuerte casa.

Esto ha tenido un cambio radical ya no son los alumnos los entes estáticos y pasivos de hace algunos años, ahora son ellos quienes dirigen el rumbo de su educación ya no son los padres y los maestros las figuras a respetar ni siquiera por ser los que engendran o enseñan. 

Quiero aclarar que no estoy en contra de que los alumnos sean un participante activo de su educación, sólo quiero señalar que en algún punto los límites entre estos tres elementos (padres, hijos y maestros) se fracturaron, ahora son los maestros quienes tienen miedo de la acusación de los alumnos para con los padres y son los padres quieres permiten que los hijos tomen decisiones sobre su educación.

Vivimos en un mundo en el cual actualmente estamos rodeados de estímulos constantes, la rapidez de los acontecimientos no permite detenerse a pensar o analizar las cosas, erróneamente los adultos y los padres orgullosos creen que sus hijos nacieron más inteligentes por el simple hecho de manipular la tecnología que nos rodea actualmente. 

Lo anterior es un error de juicio por parte de los padres esto es porque los niños y jóvenes se encuentran rodeados por estímulos constantes y como los animales evolucionados que somos, una de nuestras características como especie es aprender a manipular al entorno no a adaptarnos.

Los niños no son más listos ni más inteligentes, viven en un mundo y en una época muy diferente a la que vivieron sus padres y son estas circunstancias las que dan forma a las “nuevas” enfermedades o trastornos de la actualidad, por esta razón los padres justifican la supuesta inteligencia de sus hijos, justifican sus trastornos.

Qué es el TDA, la justificación de los padres y de los maestros ante su incapacidad de poner los límites necesarios en la relación de cada uno y en la educación. El TDA es la incapacidad de mantener el vínculo entre padres e hijos cuando los padres dejan a sus hijos al cuidado de otra persona o de un objeto como el televisor, el internet o los videos juegos.

Qué es el TDA, una justificación para que los adultos y los maestros no se hagan responsables de las obligaciones que tienen  con los hijos, es preferible medicar y drogar a los hijos con la esperanza de calmarlo para que los padres vuelvan a su mundo de ocupaciones.

En la secundaria que trabajaba el 60% de los alumnos en cada grupo, curiosamente estaban diagnosticados con TDA, asombrosamente en este mismo porcentaje de jóvenes, los padres estaban ausentes ya sea por trabajo, viajes o separación. 

Es interesante que un fenómeno como lo es el TDA afecte en su gran mayoría a la superficial clase contemporánea burguesa donde, aparentemente, los recursos económicos compran todo, incluyendo la educación y la manera en como los maestros otorgan dicha educación a sus hijos.

Es aún más triste saber que jóvenes que estudian psicología o pedagogía sean entrenados para satisfacer las necesidades de esta clase burguesa, muchos de mis alumnos están convencidos de que es un problema del niño o del joven, al cual hay que tratar con terapia y medicado.

Como lo mencione al inicio, todo está relacionado y no es posible analizar un fenómeno, en este caso el TDA, desde una perspectiva individualista; los estudiantes de psicología y pedagogía no se detienen a analizar los fenómenos que ocurren, ni por qué ni para qué ocurren, solamente responden a ellos sin cuestionar evitan pensar y se limitan a dar una solución simple y superficial como la clase social que crea estos fenómenos.

martes, 2 de julio de 2013

¿QUÉ QUIERES SER DE GRANDE?



Me parece que desde hace mucho tiempo no he escuchado una respuesta clara y congruente de las aspiraciones de los niños en cuanto a lo que se quieren dedicar de adultos. Es una clásica pregunta tanto de los padres, familiares o adultos presentes hacia los niños, así como entre los mismo niños; recuerdo que no había mucha variedad de respuestas entre mis compañeros de la infancia al responder a esa pregunta porque muchos elegían ser o bien como sus padres o como alguien a quien admiraban pero también recuerdo haber conocido niños con muchas más imaginación o ingenuidad que aspiraban a ser superhéroes o personajes ficticios.

Lo anterior corresponde a una etapa normal en el desarrollo del niño, es común la fantasía y la imaginación en ellos incluyendo el futuro, no ven complicaciones ni dificultades en su porvenir porque todo forma parte de su ingenuidad ante la vida debido a que son seres nuevos en este mundo.

Los niños son un reflejo limpio y objetivo de lo que ocurre en la sociedad, porque tienen a su alcance la educación de sus padres, sus conductas, sus tradiciones, sus modismos y todo aquello que se manifiesta en la familia;  siendo lo primero que tienen al alcance, absorben todo lo que existe en el medio familiar de manera indiscriminada.

Actualmente vivimos en una época gobernada por el caos y la incertidumbre, donde difícilmente sabemos que ocurrirá al día siguiente; la inestabilidad económica y política impacta considerablemente en la sociedad de manera general, desde los grupos más amplios hasta el pequeño núcleo familiar.

La pseudo-cultura de la vida reemplazable y fugaz imprime un factor caótico y deliberado en la forma en que viven las familias contemporáneas, este estilo de vida Light, inestable y caótica impacta a los seres más vulnerables, los niños.  

Hablando desde mi experiencia, desde lo que he visto en las escuelas, en las calles, en las reuniones familiares y en los medios de comunicación, los niños contemporáneos ya no quieren ser de grandes, médicos, astronautas, policías o bomberos, los niños ahora quieren ser futbolistas, actores, cantantes e incluso hasta narcotraficantes, ¿Por qué? porque estos personajes representan el supuesto “éxito” de la sociedad, la fama, la vida simple, fácil y divertida, no representan el esfuerzo ni la dedicación.

El discurso anterior pareciera un discurso moralista, sin embargo, mi intención no es regresar a las creencias antiguas ni mucho menos a costumbres pasadas, mi objetivo es mostrar la clase de sociedad que se está gestando, una sociedad banal,  superficial, frívola e insípida.

Es cierto que la tendencia actual es separarse, aislarse, encapsularse y pisar a los otros con la finalidad de conseguir lo que se desea; el éxito hoy en día es representado por la obtención de altas ganancias monetarias, status social, vestirse de manera atractiva y a la moda,  tener un automóvil del año y una casa grande. 

Lo anterior representa el éxito actual en la sociedad, y ¿cómo se consigue? Quizá con un trabajo como los que ahora los niños aspiran inculcado posiblemente por los padres, familiares o medios de comunicación. 

Vivimos en una sociedad sin desarrollo intelectual, científico o cultural, vivimos en una sociedad vacía, una sociedad cuya fecha de caducidad se aproxima o, en el peor de los casos, ya expiró; no creo que los niños sean el futuro de nuestra sociedad, porque si de ellos dependiera nuestro futuro, personalmente creo que estamos perdidos.

lunes, 24 de junio de 2013

CRUDEZA


La vida vista desde una perspectiva fría, tajante y cruda es un complejo de configuraciones creadas por la experiencia;  no es posible generar un significado único de la vida porque esta no es una entidad, no es algo que se pueda ver, la vida es intocable, incontenible, es algo que no es posible determinar de forma cuantitativa.

La vida se puede entender a través de la experiencia y la experiencia se entiende como la suma de hechos, acciones, relaciones, circunstancias, pensamientos, ideas y todo aquello que el ser humano puede experimentar de manera consiente o no en un entorno. 

Considero   que la vida se experimenta de manera individual en relación con otros humanos o cosas. Existe una constante que he encontrado en esto y es que la vida sólo se puede experimentar en una sola modalidad temporal, el presente y debido a la fugacidad de dicha modalidad, es que nos aferramos a determinadas cosas, momentos, recuerdos, personas o experiencias. 

No es posible contener la vida, congelarla, almacenarla o retenerla, somos incapaces de hacerlo y por ello el ser humano se angustia, por la sensación de impotencia al no ser capaz de detener ni controlar la vida ni un solo instante, sin embargo, tenemos la capacidad de recordar cosas, de aprender, de reflexionar y debido a lo anterior podemos encontrar sentido, consuelo o tortura en cada una de nuestras existencias.

He tenido la impresión de que una sola cosa es verdadera, de que la vida es cruda y no tiene matices agradables o desagradables, situaciones bonitas o feas, la vida no tiene cualidades o defectos, la vida es cruda y es simplemente vida; es el ser humano quien se encarga de adornarla o reprimirla a criterio personal dependiendo de las experiencias particulares.

¿Porque la fascinación con la crudeza de la vida? no me interesa el contacto con otro ser humano pero me motiva la curiosidad sobre cómo cada uno interpreta la realidad, cómo es la perspectiva de la vida de cada persona, al tiempo en que logro develar y explicitar en la terapia, la crudeza de la realidad y de la vida de cada uno.

Disfruto descubrir cómo es que cada individuo se mortifica, se tortura o se pregunta porque la vida no encaja con sus expectativas, creencias, relaciones o ideas, me intriga la manera en cómo cada ser humano se construye una prisión con la basura que ha ido recolectando de sus experiencias y como es que se aferra a dichas experiencias con la creencia de que no es posible que exista algo diferente, aun teniendo enfrente la cruda y nutritiva vida.

El trabajo en psicoterapia implica, entre otras cosas, un reconocimiento de la experiencia humana, de los síntomas que persisten por la falta de creatividad en vivir, en tomar consciencia de la angustia que genera la crudeza de la vida y la incertidumbre que genera el presente.

Somos en relación con otros, el resultado de nuestras experiencias y son estas experiencias del pasado las que se encuentran contenidas en un sólo ser y en un sólo tiempo,  cada uno de nosotros en el tiempo presente.

Es cierto que cada quien puede vivir su vida como mejor le convenga o como mejor pueda, no obstante, esto no lo exime de saber que la vida no posee cualidades ni atributos, es el hombre quien determina su existencia, lo anterior no significa que sea de la forma más funcional, aunque la historia humana y las múltiples experiencias con otros, apuntan a que es el ser humano el único ser en la tierra capaz de desperdiciar su vida a voluntad.

lunes, 20 de mayo de 2013

LOS TRES PILARES SOCIALES


Ha pasado un tiempo considerable desde el día que deje de publicar, esto debido múltiples aspectos de carácter personal y en alguna medida laboral, sin embargo, no es mi intensión justificarme, por ahora quiero compartirles algunas ideas que he venido trabajando a raíz de un análisis social que espero pueda serles de ayuda o por lo menos entretenerlos.

México es un país complejo, porque en él convergen diversos fenómenos, sociales, culturales, políticos, económicos, entre otros, que pueden ser analizados desde diferentes enfoques o posturas; desde mi punto de vista la dinámica de este país es particularmente complicada dándome cuenta de que esta nación inevitablemente gira en un vórtice de decadencia.

Esta decadencia es posible analizarla en retrospectiva, pero antes de llegar a ese punto en particular es necesario precisar a qué me refiero con vórtice de decadencia. La política, la economía, la seguridad, la educación, la cultura, de manera general, han sufrido una desintegración constante, es verdad que todo cambia y se modifica, no obstante el cambio que ha padecido este país ha traído consecuencias y realidades deplorables.

Pareciera ser que estas ideas no tienen nada de novedoso, porque, ya sea en los medios de comunicación, en las escuelas, en las conversaciones cotidianas, en las redes sociales o en la experiencia del día a día, la gente sabe que de alguna manera, México sufre de múltiples atrasos y rezagos a nivel general.

Lo cual lleva a la pregunta ¿Por qué México se encuentra en dichas condiciones? esta pregunta es posible contestarla desde diferentes posturas, muchas de las cuales he rescatado de conversaciones y experiencias con otros a quienes les interesa cambiar; muchas de las respuestas remiten a la corrupción, la imparcialidad en las leyes, el mediocre manejo de las finanzas, la impunidad, etcétera. Es justo aquí donde quiero dar inicio, porque en la búsqueda de las razones por la cuales México se encuentra en dichas condiciones, me ha llevado a concebir tres elementos por los cuales, desde mi punto de vista, la situación nacional se encuentra en precarias circunstancias.

Como lo dije anteriormente, me parece que existen tres elementos que le hacen falta a este país para poder constituirse como una nación solida, estos tres elementos son: La Educación, Los Líderes y La Identidad Nacional, explicaré cada uno de ellos, no sólo desde la carencia, sino desde la propuesta.
 

Educación

No me refiero solamente a una educación desde un punto de vista académico aunque, sin embargo, también lo incluye; la educación es un fenómeno complejo que implica múltiples aspectos, pero de manera básica es un proceso de enseñanza-aprendizaje.

Este proceso inicia desde que el ser humano nace, desde que se encuentra involucrado en un contexto social y a partir de ahí es de donde se aprende, ¿Qué aprende en dicho contexto? El lenguaje, la cultura, los valores, las costumbres, diversos comportamientos e ideologías, así como todo aquello que se pueda transmitir y todo aquello que se pueda aprender y asimilar.

Posteriormente se envía al niño a una escuela, donde, de manera ingenua, la sociedad ha confiado en que dicha institución los preparará e instruirá hacia el futuro, esta última idea es arcaica y anticuada, esta idea ha caducado desde hace mucho tiempo, porque la experiencia ha demostrado que la educación que se ha impartido en la aulas no es proporcional a los aprendizajes y a la preparación con la cual los alumnos egresan, peor aún, el nivel educativo ya no garantiza la estabilidad económica ni social, la idea, convertida en ley que dice –“entre más preparado seas, mejor te irá en la vida”- dista de la realidad, porque es triste que esta regla haya dejado de aplicar hace mucho tiempo, la prueba está en el numero de egresados de licenciaturas y posgrados desempleados o mal pagados, aún más triste es darse cuenta como existen personas que tienen una educación mínima y tienen una estabilidad económica y laboral mejor que las personas que cuentan con una educación superior.

Lo anterior no significa dejar de prepararse o dejar de estudiar, porque no es una regla de proporción “menos = más”. La respuesta a la  educación se encuentra en la calidad, no la cantidad, es cierto que los alumnos obtienen una educación pobre y mediocre por parte de los profesores que no están capacitados, aunque no es del todo la responsabilidad de los profesores, una responsabilidad tripartita, padres-alumnos-profesores, sin embargo, y como es de esperar, la responsabilidad es evadida por estos tres actores.

Me refiero a calidad educativa en cuanto a no solamente consumir información, sino a generar conocimiento, las instituciones educativas acostumbran a los alumnos a no pensar por sí mismos y a repetir lo que otros ya pensaron, se trata de innovar, de crear, de pensar y construir conocimiento nuevo a partir de ideas nuevas, se trata de cuestionar lo establecido y concebir nuevos paradigmas, nuevos valores, nuevas creencias, este es el primer pilar en la construcción de un México diferente, la calidad en la educación.


Lideres

Un líder no es como no los han querido vender los medios de comunicación o la educación anticuada, de la que ya he hablado, nos han acostumbrado a ver a los lideres como aquellos que mueven masas, aquellos que hablan ante multitudes, aquellos que ven por los intereses de otros o aquellos que dan la cara y en cierta medida lo son, sin embargo existen otro tipo de líderes que son en parte anónimos, aquellos que generan cambios con sus ideas, con su trabajo, con sus acciones, son líderes innovadores.

Me refiero a que México necesita gente que abra caminos, gente que tenga la voluntad de cambiar cosas, gente que no se deje llevar por la corriente, por las ignorantes masas, gente que cuestione, que actué. Es verdad que también se necesitan líderes que nos representen, pero es ahí donde existe un problema, porque la gente está acostumbrada a vivir bajo una ideología paternalista, donde “papá gobierno” tiene que resolver todos los problemas, aunque en alguna medida es el gobierno el indicado de tomar determinadas acciones como la representación internacional, los acuerdos y negociaciones, sin embargo, es la sociedad quien tiene más poder, ya sea por el número de personas que la conforman como en la cantidad de ideas y acciones que puedan tomar.

Una idea puede ser la precursora de muchas acciones en pro del bienestar social, pero hace falta un líder que lleve a cabo dicha acción de pensar. Es debido a la carencia de estas personas que la sociedad vive en un estado de letargo, de indiferencia, de mediocridad, de superficialidad y aislamiento. Este es el segundo pilar en la edificación de una nación más participativa e involucrada con el desarrollo del país, es necesario tomar conciencia del impacto que pueden tener las ideas y las consecuentes acciones, sin embargo la ausencia de líderes es el resultado de la carencia del tercer pilar.


Identidad Nacional

¿Qué es la identidad nacional? Es ver al otro como mi similar, como parte de la sociedad en la vivimos, como un compatriota; sin embargo la identidad nacional ha dejado de ser algo importante para nuestra sociedad, debido a múltiples aspectos, como por ejemplo la seguridad, no confiamos en el otro por miedo a que nos haga daño, nos asalte, abuse de nosotros o por diferentes motivos, estas ideas tienen una base, son hasta cierto punto, parte de una experiencia real, sin embargo la falta de identidad puede obedecer también a la invasión de corrientes ideológicas extranjeras, modas, creencias, comportamientos entre otros, han hecho que los mexicanos no se sientan como mexicanos; los únicos momentos en que puede apreciarse la identidad nacional sólo son en las fiestas o cuando existen competencias deportivas.

La invasión extranjera ha hecho que México se convierta en una sociedad heterogénea con valores, ideas, modas y creencias ajenas a las de nuestra cultura. La propuesta está en identificarnos como nación, como pertenecientes a una sociedad con una riqueza incomparable en muchos aspectos, como únicos en el mundo; esta identificación traería como consecuencia el bien común donde se puedan generar ideas que promuevan el bienestar social.

Estos son los tres elementos entrelazado entre sí y que, desde mi perspectiva necesita este país, una sociedad con una educación de calidad, una sociedad con líderes conscientes y una sociedad identificada con el prójimo. No es posible tener una nación fuerte, soberana y funcional sin estos tres elementos en conjuntos, la debilidad, la ausencia y la degeneración de uno de ellos debilita nuestro país.

La intención de este artículo es cuestionar y analizar, independientemente del punto de vista que pudiera tener cualquiera que lea esto, sin embargo, también soy consciente de que muchos ni siquiera se detendrán en leerlo y muchos otros ni siquiera en cuestionarlo, pero aun tengo la esperanza de llegar a unos pocos que todavía no son indiferentes ante tales cuestiones y realidades de este país, a esos pocos les digo, no están solos en el camino.

jueves, 29 de diciembre de 2011

GRACIAS

Pedir es un acto que mucha gente realiza cotidianamente; la gente pide y suplica por aquello que quiere, que necesita o desea; pedir es un acto común que se aprende y se enseña desde muy temprana edad en la familia, la religión, con los amigos y en los medios; todos ellos son los encargados de que enseñar a pedir. Se le pide a los padres, a Dios, al gobierno, se pide en la escuela, en las calles y en casi todos los lugares y circunstancias.

Sin embargo, la aparente contraparte de pedir, el agradecer, pertenece a una dimensión diferente; parecería irónico que amabas situaciones, pedir y agradecer, no estén del todo conectadas, al menos en esta sociedad. En este punto no quisiera generalizar, porque sé que existen personas que, en efecto, agradecen después de haber pedido, sin embargo, por lo que me ha tocado ver, esta situación es escasa.

Porqué escribir un artículo que hable sobre el agradecimiento, bueno, porque en primer lugar he aprendido algunas cosas en la última parte de este año que tienen origen precisamente con la gratitud y en segundo lugar, me parece sensato compartir aquello que, por lo menos en lo que he vivido, ha sido benéfico; además de que puede ser de ayuda para alguna persona que muestre interés o simple curiosidad en el asunto.

Retomando la idea de que pedir es simple y no implica mayor esfuerzo, la gratitud es diferente, porque dar las gracias implica, asombrosamente, un esfuerzo, por distintas circunstancias, que son complicadas de analizar en un sólo artículo, pero entre ellas puede encontrarse la vergüenza, la falta de costumbre o la creencia de no merecer las cosas que se obtienen; no obstante, pocas veces se agradece por aquello que se tiene, se hace o se recibe, excepto claro, por las cosas que son de agrado o que generan algún beneficio. Justo aquí es donde comienza la parte interesante, porque agradecer por aquello que es agradable o benéfico no presenta complicación alguna.

Mi experiencia se basa en la simple y sencilla expresión de la gratitud por la vida, es decir, dar las gracias por lo que tienes, por lo que no tienes, por quien eres, por quien no eres, por lo que crees y por lo que aun no crees. Agradecer cada situación y experiencia que vives, aun si estas situaciones  son desagradables, tristes, complicadas, injustas o intolerables.

Somos, en gran medida, los protagonistas y responsables de nuestras vidas, de lo que nos sucede, de lo que perdemos o encontramos, de lo que hacemos o dejamos de hacer. Culpar a otros de nuestras desgracias es simple y en ocasiones hasta tranquilizador, pero asumir la responsabilidad de nuestra vida es algo que no se ve muy a menudo.

Eres tu el que vive la vida y en ese sentido, agradecer por la experiencia que estás viviendo no me parece, al menos desde mi perspectiva, algo forzado o difícil de hacer ¿Por qué no agradecer por ello?

Independientemente de las creencias que tengas, es tu vida y son tus circunstancias las que experimentas a diario; agradecer el simple hecho de estar vivo, de tener o no capacidades, actitudes, logros y fracasos, de tener posesiones y tener carencias.

No es una formula milagrosa, no es un secreto, es una actitud y quiero compartirla contigo, no es una garantía la que te ofrezco ni una fórmula, es mi vivencia y por esta he aprendido demaciadas cosas; agradecer antes que pedir me ha permitido aceptar muchas cosas con las cuales había estado peleado y me ha permitido aprender de errores y fallas.

Al final tú eliges el camino que quieras darle a tu vida y la actitud con la que la quieres vivir; yo elijo iniciar y terminar mi día con un “Gracias”, mi oración, mi mantra, mi saludo y mi despedida.

Te agradezco por haberme leído en este año; quiero que encuentres aquello que estas buscando, que logres aquello que anhelas y que dejes aquello que te daña.

“Gracias a Dios y a la vida por darme justo lo que necesito, no más y no menos, por estar en este mundo y aprender lo que tenga que aprender.

Gracias  a mi familia, por estar justo en el momento y en el lugar que tienen que estar, por apoyarme y no empujarme, por quererme y no asfixiarme, por estar a mi lado y no invadirme, por cuidarme y no sobreprotegerme,  por amarme y aceptarme”



GRACIAS

lunes, 4 de julio de 2011

LA INDIFERENCIA VISTE DE BLANCO

Un tema recurrente en toda sociedad es el sistema de salud, y México no es la excepción. La gente habla, especula y se queja del servicio de salud cada vez que tiene la oportunidad de hacerlo, o cada vez que tiene la necesidad de acudir a este lugar.

Existen tantas quejas y comentarios como personas que han solicitado los “servicios” que ofrece el sistema de salud. Dentro de las quejas más frecuentes están, la calidad del servicio, la eficiencia, el equipo, las instalaciones, los medicamentos, el trato que tienen las personas que “trabajan” con los enfermos, entre muchas otras quejas.

Justo en este último punto, el trato personal, es donde quiero focalizarme. Recientemente parte de mi familia ha tenido el infortunio de acudir a un centro de salud, y como era de esperarse, el trato personal no fue de lo más agradable.

Existe un matiz de deshumanización por parte de la gente que labora en esas instalaciones, llámese, médicos, enfermeras, y personal administrativo. Cabe aclarar que no es una totalidad porque en efecto existe, todavía, gente que si trabaja en realidad, sin embargo es una significativa mayoría de la gente que no trabaja como debiera.

La experiencia del paciente es particularmente desagradable, ya sea por alguna enfermedad, por alguna lesión, una intervención quirúrgica, u otra circunstancia; el paciente se encuentra totalmente vulnerable ante tal situación.

Los familiares no son la excepción, ellos viven la angustia, la desesperación, el dolor, la impotencia y el coraje de no poder hacer algo por la persona que sufre, por su familiar o amigo, ¿Qué pueden hacer entonces? Encomendarse a las personas que tienen la capacidad para sanar al enfermo.

Cuando hablo de encomendarse a ellos, me refiero a entregar una confianza forzada; entregarse a ellos, dejó de ser un acto de confianza y seguridad, a ser un acto de incredulidad. La gente quisiera confiar en los médicos o las enfermeras, depositar en ellos algo tan valioso como la vida de un familiar, sin embargo experiencias previas indican que quizá no es lo mejor, pero es la única opción.

Imagino la sensación de poder que tienen estos médicos y enfermeras; un poder sobre otro ser humano que no puede hacer nada; un poder sobre el que está enfermo. Que tentación tan grande será poder manipular y decidir de manera egoísta a estos mal llamados “profesionales de la salud” sobre los sometidos familiares y pacientes.

Estar en un centro de salud implica entregar la dignidad, la libertad de elegir lo que resta de humanidad, en manos de gente prepotente, egoísta, indiferente e inhumana.

Enfermar ya no sólo implica encontrarse en una situación que impide realizar cualquier actividad cotidiana con normalidad, también implica sentir miedo a tener que acudir a una clínica de salud y someterse a estos individuos carentes de humanidad y rebozados de despotismo.

No es lo que tienen estos lugares o las personas que ahí laboran, sino de lo que carecen lo que es importante: empatía.

La empatía es ese extraño sentimiento, y quizá en esta sociedad contemporánea,  hasta casi extinto, lo que nos hace humanos; la empatía es esa sensación de tratar de entender y vivenciar, desde uno mismo, como es mi semejante; comprender la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra la gente que vive una situación de enfermedad, tanto para el enfermo como para sus familiares y amigos.

Tratar de sentir el sufrimiento, la desesperanza, el dolor y quizá hasta la agonía del prójimo es lo que humaniza; ni siquiera los animales pueden evitar sentir dolor o sufrimiento, hasta ellos se ocupan de los suyos en su plano existencial.

La diferencia y la clave, radica en la empatía, lo que convierte al ser humano, en humano y no en algo diferente. El panorama anterior parte de un centro de salud, donde se esperaría existiera más que en otros lugares la humanidad, sin embargo, no es así, también esta indiferencia se encuentra, desafortunadamente, en otras instituciones sociales, como la familia, la educación, la economía, la iglesia entre otros; la indiferencia es un fenómeno que cada día crece con mayor rapidez y es tarea de algunos pocos re-humanizar, una tarea titánica a la que pocos nos enfrentamos, pero es lo que toca hacer si se quiere vivir; el filósofo Nietzsche propondría que cada vez fuéramos más humanos, demasiado humanos.  

“En memoria de Germán Seelbach Mayoral (1932-2011) descanse en Paz”

miércoles, 15 de junio de 2011

TRES PESOS

Durante mucho tiempo, en general gran parte de mi vida, me he trasladado a muchos lugares a los que por alguna razón necesito acudir, escuela, trabajo, diversiones, o de visita; me traslado por transporte público, en específico, en el metro.

Viajar por metro ha generado en mí una innumerable cantidad de experiencias, he conocido toda clase de personas y personajes, visto un sin número de situaciones y experimentado una fluctuante cantidad de emociones.

A decir verdad me resulta muy interesante viajar por el metro debido a esta emocionante expectativa de incertidumbre, es imposible predecir lo que veré cada vez que utilizo este trasporte y lo mejor de todo es el precio, tres pesos, un costo demasiado barato en relación a la experiencia. Quizá la cualidad más interesante y al mismo tiempo triste de esta experiencia, es lo que ocurre cada vez con más frecuencia en el metro, pero antes de llegar a eso haré un paréntesis.

El número de habitantes en la ciudad de México es cada vez mayor, la tasa poblacional se encuentra en un situación de crecimiento abrumadora, esto a su vez genera que el transporte tenga una demanda cada vez más constante de capacidad de traslado así como de interconexión entre las distintas partes de la cuidad y el área metropolitana.

El metro es el medio de transporte por excelencia del grueso de la población mexicana, la gente se traslada de un lado a otro de la cuidad; a primera hora del día la cantidad de habitantes que utilizan el metro es abrumadora y en mi experiencia hasta asfixiante. Desde el comienzo del día hasta su culminación el metro transporta miles de millones de habitantes a casi todos los puntos de la ciudad.

Ahora sí, ¿Cuál es esta cualidad interesante y triste que tiene el metro en relación con los habitantes? La respuesta es la indiferencia cotidiana en la gente; pareciera que la gente se evita con más frecuencia, deja de verse, se “relacionan” como si no se necesitaran. Esto, me parece, no es exclusivo del transporte, del metro en este caso, pareciera que la sociedad en general vive una experiencia de indiferencia social, siendo el ser humano un ser aparentemente social, resulta irónico que en esta era de avances tecnológicos masivos, de nuevas formas de comunicarnos a distancia, donde, supuestamente, las distancias geográficas se han reducido por la telecomunicación, el internet y sus contemporáneas redes sociales, la creciente demanda en telefonía celular y la constante aplicación de redes de transporte, el ser humano se aísla cada vez mas de sus semejantes.

La convivencia cotidiana se ha vuelto más una obligación que una necesidad; y ¿Por qué utilizo el metro como ejemplo? Por tres razones, dado que el metro es lo que más utiliza el grueso de la gente en cuanto a transporte, porque he experimentado esta indiferencia y porque en el metro se puede observar toda clase de gente, personas que parecen tener buenos recursos económicos, personas en extremo carentes de dinero, adultos, jóvenes, niños, adultos mayores, hombres, mujeres, todo tipo de estilos de vestimenta, accesorios, gustos, todo tipo de ocupaciones, preferencias variadas, en general, un mosaico de personalidades estratos sociales que se encuentran reunidas y convergen en un sólo espacio: “la sociedad entera en un vagón”

Todo tipo de personas reunidas en un vagón de metro, todos reunidos en una cierta hora del día -de preferencia en una hora pico- todos, apretados, unidos quizá por un destino en común, estrechamente amalgamados y, ni una sola palabra, ni una sola mirada. Lo que se vive ahí es una experiencia de indiferencia, una absurda soledad estando rodeado de personas, donde a nadie le interesa nadie, donde el foco de atención es ese anuncio, pegado casi en el techo del vagón, un anuncio que hace mas de cinco estaciones han venido viendo y, aun cuando ya saben de qué trata, e incluso conocen de memoria, lo siguen observando, todo menos cruzar una mirada, todo menos involucrarse con el otro.

Eso es lo interesante y a su vez, lo triste, estar en una situación común y ser indiferente para y con el otro; al parecer la sociedad está viviendo esta experiencia de indiferencia de manera cotidiana, indiferencia que se vive día con día cada vez que utiliza el metro para llegar a su trabajo y a su casa. Me doy cuenta, ahora, por que vivir esta triste experiencia vale sólo tres pesos.


miércoles, 8 de junio de 2011

ASUNTOS INCONCLUSOS

Un asunto inconcluso, como es conocido en Gestalt, son aquellos contenidos en los cuales quedó pendiente algo, por ejemplo, una despedida, algo no dicho a alguien o, incluso, una necesidad aplazada. Existen otro tipo de estados, llamados situaciones inconclusas, y son aquellas cosas en las cuales, voluntariamente, se han dejado de hacer cosas, ya sea por falta de interés, por miedo, comodidad o apatía. Ambos, tanto situaciones inconclusas como asuntos inconclusos, pertenecen a lo que la psicoterapia Gestalt antigua conoce como “Los tres Demonios” dentro de los cuales pertenecen los introyectos y las experiencias obsoletas, en este artículo tomaré como similares los asuntos y las situaciones inconclusas.

Me refiero con psicoterapia Gestalt antigua al estilo de psicoterapia Gestalt que trabaja desde una visión intrapsiquica, es decir, una mirada donde el foco de atención se encuentra en el paciente la mayor parte del tiempo, ¿Por qué es antigua esta visión? debido a que la psicoterapia partió en inicio con esta mirada, y me refiero a la psicoterapia desde todas sus disciplinas como el psicoanálisis, sistémica, o conductismo; teniendo al paciente como prioridad, como su esencial foco de atención, ya sea trabajando con asuntos relacionados a su pasado, resistencias, patologías, conductas, formas de relacionarse, entre otras, la psicoterapia ha centrado su atención en el paciente exclusivamente.

La Gestalt, inicialmente, partió desde esta visión intrapsiquica, sin embargo, también tiene otra visión que hace de la Gestalt una psicoterapia revolucionaria, una visión de campo. El concepto campo-individuo-entorno, pertenece a una época postmoderna, donde el individuo y el entorno están relacionados, no existe nada que no tenga una influencia directa con su medio y que este medio a su vez, no sea influenciado directamente por los individuos en el.

Esta perspectiva –la perspectiva de campo- es lo que en esencia es Gestalt, partiendo incluso desde el origen de la palabra y como se le proporcionó este nombre a esta psicoterapia. Gestalt es una palabra de origen alemán que no tiene una traducción directa al español, sin embargo puede llegar a entenderse como configuración, forma, estructura, o una entidad completa y total. La psicoterapia Gestalt heredo el nombre de la psicología de la Gestalt, esta estudia los fenómenos de percepción, dice que los seres humanos percibimos el mundo como una totalidad, no como parcialidades o fragmentos, esta totalidad está ligada a significados. Configuramos la realidad en la medida que le damos un significado, teniendo en cuenta, posteriormente, que nosotros participamos en la configuración de esta realidad, somos influenciados e influimos en la realidad.

Sin lo anterior no podemos entender que son, o no son, los asuntos inconclusos; la gente ha pensado y creído en los asuntos inconclusos durante mucho tiempo, y las personas que se dedican a la psicoterapia Gestalt, desde una perspectiva intrapsiquica, lo han creído, incluso, como una parte importante dentro de su trabajo terapéutico.

Sin embargo el análisis que hago ahora sobre los asuntos inconclusos, es que, en realidad, no existen, son la ilusión de una realidad que no se quiere vivenciar; creer que existen cosas que han quedado pendientes y que nuestra salud mental está relacionada a eso que sucedió en el pasado, “allá y entonces” implica creer que venimos “arrastrando” algo que no se concluyó, algo que, de alguna forma, quedo “abierto”.

¿Por qué no existen los asuntos inconclusos? me remito a la postura postmoderna de la Gestalt, donde el concepto de campo-individuo-entorno es medular para la psicoterapia; éste concepto de campo tiene cinco principios, en los cuales uno de ellos, implica la contemporaneidad, que significa que todos los campos son presentes. Ni pasado, ni futuro existen, el pasado fue y dejó de existir, y el futuro que aun no llega y por lo tanto tampoco existe; en ese caso el único tiempo disponible es la realidad presente e inmediata, recordamos el pasado o prevemos el futuro ahora.

Como es posible hablar de Gestalt, que significa esencialmente estructura, o entidad completa, cuando hablamos de algo inconcluso ¿no es incongruente hablar de una “Gestalt inconclusa”? lo paradójico es hablar de algo completo/incompleto.

Esto implica que los asuntos del pasado, que al parecer, “no tuvieron una conclusión” de hecho la tuvieron, concluyeron de alguna u otra forma; aunque no de la forma que esperábamos o queríamos que concluyeran.

Ahora bien ¿Qué ocurre entonces con aquellas experiencias que creemos inconclusas, aquellas que traemos a la memoria y a nuestra vida cotidiana? Fueron experiencias que tuvieron su inicio y su final, un final no esperado por nosotros, un final inadecuado a nuestras expectativas, pero que de alguna forma u otra concluyó. Son experiencias que constantemente intentamos cerrar o concluir de la forma que nos hubiera gustado, de la forma más agradable como por ejemplo, los rompimientos amorosos, las pérdidas, lo que llegamos a callar, o llegamos a expresar sin haber querido, entre muchas otras experiencias más, fueron situaciones que intentamos dar un “final feliz” dentro de nuestras mentes, sin saber o darnos cuenta que ya han concluido y pertenecen a un pasado inmutable.

¿Cómo concluir algo que ya no existe? ¿Qué es lo que en realidad angustia al paciente de ese pasado? ¿Será la incapacidad de hacer algo por eso que ahora es inexistente? Fritz Perls -el padre de la Psicoterapia Gestalt- da una connotación a estos mal llamados asuntos inconclusos, él los llama asuntos irracionalizados, situaciones que sólo en el presente el paciente puede encontrar sentido e implica concientizar al paciente de que eso, que ocurrió “allá y entonces”, en un pasado remoto e inexistente, finalizó; la labor terapéutica consiste en centrarlo en la experiencia presente, siendo el mismo terapeuta un instrumento de actualización con el paciente.

La inclusión del terapeuta como parte del campo del paciente es lo revolucionario en la psicoterapia Gestalt, antes, -y en ocasiones ahora- el terapeuta induce una secuencia de imágenes o fantasías guiadas, del asunto inconcluso pasado, dirigiendo al paciente a cerrar o concluir aquel asunto, trayendo al consultorio, de manera imaginaria, por ejemplo a personas con las cuales no se pudo despedir o personar fallecidas, con el fin de hablar con ellas, o mencionar algo de lo que al paciente le hubiera gustado decir en ese momento.

Personalmente difiero de esa forma de trabajo, porque  en mi opinión, el paciente imagina como es que hubiera cerrado un asunto pasado de la manera que más le hubiera gustado; sin embargo racionalizar de manera presente lo que ocurrió en realidad, implica aceptar que el pasado es inmutable e imposible de cambiar, que la oportunidad de cambio esta solamente disponible en el presente.

Cuando el terapeuta, por ejemplo, le menciona al paciente la distancia que siente con respecto a su paciente cada vez que este ultimo habla de aquello que fue, propone una forma de ajustar la realidad, explicitando al paciente que aquello que trae del pasado es una forma de evitar vivir el presente, o quizá una forma de victimización por aquello que le ocurrió. Son tantas las formas con las cuales utilizamos el pasado para evitar el presente, que en psicoterapia la labor del terapeuta es incluirse como esa realidad que el paciente, y la gente en general pretenden evitar.

jueves, 2 de junio de 2011

EL ARQUETIPO TERAPÉUTICO

La palabra arquetipo deriva del griego αρχη, arjé, "fuente", "principio" u "origen", y τυπος, typos, "impresión" o "modelo"; es el patrón ejemplar del cual otros objetos, ideas o conceptos se derivan. Un arquetipo es un símbolo que ha existido, y existe, en la humanidad desde sus orígenes, se refiere a conceptos como, la figura materna, los héroes, la muerte, los rituales, la fertilidad, el mesías, los líderes, el nacimiento, entre muchos otros más. Todos los arquetipos son abstracciones, prototipos que ayudan a comprender conceptos que han existido en la humanidad por siempre. La mitología griega es el ejemplo perfecto para ilustrar un arquetipo; la psicoterapia no es la excepción, posee su propio arquetipo y para ello, a manera de ejemplo, está el mito de Quirón:

“Quirón es el primer centauro, nacido mitad humano y mitad caballo y por su naturaleza animal,  su madre, espantada, ruega a los dioses que la liberen de la carga de criar a este niño. En respuesta los dioses se llevan a Quirón para educarlo; llega a ser prudente y sabio, conocedor de la música y de las estrellas, posee los dotes de un chamán, se vuelve hábil en las artes curativas y en el uso de las plantas medicinales; también era maestro en las artes de la guerra, enseñaba a sus alumnos, los actos de heroísmo al servicio de su patria, inculcaba estos valores éticos y culturales.

En un día de descanso, mientras Quirón bebía, Hércules lo hiere accidentalmente en la rodilla con una flecha envenenada con el veneno de la Hidra, que le produce una herida incurable, incluso para sus dotes y conocimientos. Los dioses en premio a su conducta ejemplar, por perdonar a Hércules, le conceden el don de la inmortalidad, Quirón se encuentra entonces frente a la paradoja de no poder sanar ni morir.

Quirón ofrece liberar del inframundo a Prometeo, quién estaba condenado por haber robado el fuego de los dioses y habérselo entregado a los hombres, a cambio de poder morir, para dejar de sufrir el intenso dolor y lograr el indulto de Prometeo. El sacrificio de su inmortalidad lo libera de su intenso dolor, enseñando así a integrar la muerte como parte de la vida.”

En definitiva, Quirón nos enseña a abrazar nuestras heridas y aprender de ellas, acrecentar nuestras capacidades, conocer la compasión y sabiduría para poder ayudar a nuestros semejantes. Su labor es mostrarnos donde estamos bloqueados, dónde nos sentimos heridos, que logramos hacer para los demás y para nosotros mismos; descubrir las herramientas para equilibrar nuestra vida racional con nuestro lado más instintivo. Quirón es sólo un símbolo del complejo arquetipo al que pertenecemos los psicoterapeutas, “El sanador herido”, somos los herederos del linaje de sanadores que han existido a lo largo de la historia.

Otro ejemplo son los chamanes, la forma original de la palabra, viene del sánscrito “shramana”  que significa, discípulo de Buda; los chamanes son otra muestra de este símbolo, ellos, con sus conocimientos en la naturaleza humana y la espiritualidad, tenían un lugar especial en las tribus, eran el vínculo entre lo terrenal y lo divino, a través de ellos los dioses se comunicaban con los hombres, eran los protagonistas de los rituales para las cosechas, la fertilidad, la guerra y las fiestas y enseñaban al hombre a convivir con la naturaleza.

No existe cultura que no haya poseído una figura arquetípica como el chaman, el brujo, el curandero, o el sanador, pero con el paso del tiempo, este icono de la humanidad se ha transformado, ahora son los médicos, los sacerdotes, los psicólogos y los psicoterapeutas quienes heredaron el simbolismo, son actualmente los representantes de estos antiguos sanadores.

Ahora, la psicoterapia se ha considerado, en el mejor de los casos, una profesión que intenta ayudar a las personas a encontrar algo perdido en sus vidas, a curar algo que se cree que está enfermo, descubrir algo que se creía olvidado, o recibir algún consejo que les sea útil en sus vidas; otros, en cambio, consideran que la psicoterapia es más un arte que una profesión, porque tarda tiempo en aprenderse, he incluso, hasta se nace con el don; sin embargo, también se ha creído que es una práctica sin fundamento, sin sentido, e incluso hasta esotérica.

Reformular el paradigma de la psicoterapia, es una tarea compleja, no sólo es cuestión de conocer teorías y metodologías, también es conocer el sentido que ha tenido a lo largo del tiempo, conocer el papel que desempeña el psicoterapeuta y el psicólogo en la sociedad, un sentido, que hasta ahora, se ha perdido. Saber la naturaleza el arquetipo terapéutico es, en parte, conocer el simbolismo que tiene el terapeuta en la sociedad, así como dignificar esta profesión.

La idea que se tiene de la psicoterapia, dista mucho del prototipo original, ahora, existen muchas personas que consideran a la psicoterapia como una pérdida de tiempo, quien acude a terapia lo hace en un acto de desesperación, o para reinsertarse en una sociedad “cuerda”; el psicoterapeuta dejo de ser una figura importante en la sociedad, para convertirse, en un recurso de emergencia.

Hasta ahora el panorama es triste, sin embargo, es conveniente hacerlo evidente, porque, más triste aún, es saber que gran parte de la gente que ha contribuido a generar esta imagen distorsionada del psicólogo o del psicoterapeuta, son los mismos mal llamados psicólogos o psicoterapeutas. Me refiero a los mediocres, pseudo-profesionales que se auto nombran psicoterapeutas o a los que por tener un titulo, creen llamarse psicólogos. Gracias a las ineptas prácticas que han venido realizado, a las heridas que han provocado en las vidas de las personas, a la falta de ética, al carente compromiso profesional y a la falta de pasión, el arquetipo del sanador está casi perdido; gracias a este tipo de individuos, la gente ha dejado de confiar en la labor terapéutica.

El mundo actual, está enfrentando cambios importantes, crisis intempestivas, y es ahora donde debemos surgir, renacer, incorporarnos como esos antiguos sanadores que enseñaban a la humanidad en dónde estamos bloqueados, dónde nos sentimos heridos y también, qué es aquello que logramos hacer para los demás y para nosotros, como Quirón que enseñaba a sus alumnos la importancia del heroísmo y el honor hacia su patria, como los chamanes que mostraban el vínculo del hombre con la naturaleza, como los curanderos que, aparte de sanar el cuerpo, sanaban él alma; es ahora donde tenemos que dignificar nuestro arte, nuestra profesión; volver a mostrarnos, como aquellos conocedores, como aquellos guías y acompañantes, que mostraban el camino del futuro de la humanidad.